La responsabilidad de los políticos en nuestro país es
enorme, porque a raíz de la globalización, mientras el mundo se encuentra ya en
una etapa de gestión de conocimientos, en Bolivia todavía estamos en una gestión
de la ignorancia. Por tanto la misión no puede ser de nadie más que de ellos. Una
misión que debe obedecer a una gran vocación política que contenga sobretodo sensibilidad
social, que les ayude a reflexionar críticamente sobre sí mismos y que asuman
sin subterfugios sus debidas responsabilidades, que se pongan en lugar de los demás,
que sean humildes y moderados al mismo tiempo. Que sean responsables ante algo
que está por encima de su familia, de su empresa y hasta de su propio éxito. Entonces
podríamos soñar con un país que esté en condiciones parecidas a los demás, un
país que levante su autoestima y que reconociendo sus debilidades pueda
emprender para desarrollar sus fortalezas.
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