Conversando con mis viejos, llegamos a una conclusión muy importante.
En la mayoría de los casos los viejos se sienten o son abandonados por los que en su momento fueron la razón de su vida. ¿Qué contradicción no?.
Los seres humanos tenemos tres edades:
- la cronológica
- la biológica
- la psicológica
La biológica, es la edad que muestra nuestro cuerpo; es decir, aquella que nos avisa que nuestros huesos están como galletas, que nuestra calidad de vista y oído han disminuido, que nos duele una y otra cosa. La podemos alargar pero no la podemos regresar.
La psicológica, es la edad que está desesperada de ayudarnos; es decir, aquella que cual príncipe o princesa armada de juventud y belleza vive en nuestros corazones. A ésta la podemos manejar a gusto y sabor. Se la puede llevar adelante, atrás y a todo lado.
Si a todos quienes nos rodean, confiados en su generosidad, les mostramos una actitud permanente de desamparo, con nuestras quejas, nuestras recetas, nuestros achaques, nuestro “pasame estito, pasame el otrito”, y nuestro inconsolable llanto porque sufrimos mucho nuestra vejez, vamos a terminar aburriéndolos, es decir alejándolos y creo que no habría dolor más profundo que ése: el sentirnos total y verdaderamente desamparados.
Nuestra vejez no es indicador de inutilidad, nosotros hacemos que se vea así; pero, por qué mentimos?, si sabemos que sabemos, si vivimos lo que los demás recién van ha vivir, no seamos egoístas, no ocultemos nuestra sabiduría, compartámosla, todo el mundo necesita de nosotros, quizá no podamos levantar una y otra cosa pero si podemos decir una y mil cosas y no decirlas por decir sino decirlas con uso de experiencia con eso que los changos llaman “back up”.
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