Mi Verso Favorito

SI LAS PALABRAS QUE SE VAN A DECIR NO SON MÁS BELLAS QUE EL SILENCIO, LO MEJOR ES CALLAR.


17 de febrero de 2009

Nadie Acepta Lo Inaceptable


Conversando con mis viejos, llegamos a una conclusión muy importante.

En la mayoría de los casos los viejos se sienten o son abandonados por los que en su momento fueron la razón de su vida. ¿Qué contradicción no?.

Los adultos mayores por su condición natural adoptan una actitud de desamparo, debilidad, incapacidad y permanente deseo de compasión. Nada más natural. Tendría que asumirse como correcta y aceptar la realidad y punto. Sin embargo, recurriendo a un valiosísimo argumento como es la psicología, los adultos mayores tienen todas las posibilidades de desechar todas esas “actitudes naturales” y asumir su verdadero rol en la vida, es decir vivirla a plenitud y hasta que Dios decida lo contrario.

Los seres humanos tenemos tres edades:

- la cronológica

- la biológica

- la psicológica

La cronológica, es la edad que figura en nuestros documentos; es decir, aquella que indica desde cuando estamos vivos. Es imposible cambiarla.

La biológica, es la edad que muestra nuestro cuerpo; es decir, aquella que nos avisa que nuestros huesos están como galletas, que nuestra calidad de vista y oído han disminuido, que nos duele una y otra cosa. La podemos alargar pero no la podemos regresar.

La psicológica, es la edad que está desesperada de ayudarnos; es decir, aquella que cual príncipe o princesa armada de juventud y belleza vive en nuestros corazones. A ésta la podemos manejar a gusto y sabor. Se la puede llevar adelante, atrás y a todo lado.

Alguien dijo alguna vez, si quieres que te quieran, primero quiérete tu mismo. Ésa, es exactamente la idea de esta reflexión.

Si a todos quienes nos rodean, confiados en su generosidad, les mostramos una actitud permanente de desamparo, con nuestras quejas, nuestras recetas, nuestros achaques, nuestro “pasame estito, pasame el otrito”, y nuestro inconsolable llanto porque sufrimos mucho nuestra vejez, vamos a terminar aburriéndolos, es decir alejándolos y creo que no habría dolor más profundo que ése: el sentirnos total y verdaderamente desamparados.

Nuestra vejez no es indicador de inutilidad, nosotros hacemos que se vea así; pero, por qué mentimos?, si sabemos que sabemos, si vivimos lo que los demás recién van ha vivir, no seamos egoístas, no ocultemos nuestra sabiduría, compartámosla, todo el mundo necesita de nosotros, quizá no podamos levantar una y otra cosa pero si podemos decir una y mil cosas y no decirlas por decir sino decirlas con uso de experiencia con eso que los changos llaman “back up”.

Explicado de otra manera si queremos que nos acepten, tenemos que hacernos aceptables.

En vista de los antecedentes mencionados atrás, ha llegado la hora de darle la bienvenida a nuestra bella, lozana, fuerte y bendita edad psicológica.

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