Mi Verso Favorito

SI LAS PALABRAS QUE SE VAN A DECIR NO SON MÁS BELLAS QUE EL SILENCIO, LO MEJOR ES CALLAR.


23 de marzo de 2009

Cúrate, Tu puedes

A muchos de nosotros nos fascinan las películas donde se tejen aventuras, persecuciones, peleas, crímenes y miles de argumentos. Curiosamente en nuestro organismo se lleva a cabo un asombroso argumento, infinitamente alejado de toda consideración humana como para ganar un preciado "Oscar": la gran batalla que libran nuestros soldados contra el enemigo que está permanentemente en acecho. Se trata nada menos que de la lucha de nuestros glóbulos blancos contra los microbios y virus que nos asedian.
En efecto en nuestro cuerpo tenemos auténticas fábricas de soldados amigos (los glóbulos blancos), a saber: el interior de nuestros huesos largos, el bazo, la tiroides y muchas otras glándulas. Asombrosamente nuestros soldados amigos están conectados a través de una red de intercomunicación, mecánica es verdad, pero de gran eficiencia. Imaginemos una pequeña invasión, comemos fruta en descomposición, obviamente está contaminada con gérmenes peligrosos para nuestra salud; pero, lo interesante es que nuestros centinelas los detectan y dan la voz de alarma, al instante aparece una escuadra de los nuestros y libra feroz batalla cuerpo a cuerpo con el enemigo hasta derrotarlo. En ese momento nosotros percibimos un aumento de temperatura. Tan maravillosa es nuestra organización que el primer soldado que entra en contacto con el enemigo, imprime en su cuerpo la identidad del enemigo (el principio de las vacunas), para de esta manera estar prevenido ante un próximo ataque.
Es muy importante rescatar que una elevación de la temperatura normal de nuestro cuerpo nos indica que hay una infección, es decir un combate de soldados; por lo tanto no solo se trata de eliminar esta alteración de temperatura a través de antipiréticos, sino de tomar atención médica.
Durante el desarrollo de las batallas mueren gran cantidad de nuestros soldados, por eso es muy importante que nuestras fábricas se encuentren en producción constante. Esta producción depende de nuestra alimentación, tanto como de nuestros estados de humor y ahí esta la novedad. Sentimientos como los celos, rabias, sustos, complejos de inferioridad, problemas de conciencia, etc. consumen nuestras energías, o dicho de otra manera reducen nuestro contingente de soldados amigos. Al producirse este fenómeno predisponemos a nuestro cuerpo para contraer enfermedades.

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