Mi Verso Favorito

SI LAS PALABRAS QUE SE VAN A DECIR NO SON MÁS BELLAS QUE EL SILENCIO, LO MEJOR ES CALLAR.


12 de marzo de 2009

En Sarco y con mis cuates

No me puedo olvidar el pasaje más hermoso de mi vida, el pasaje en el que tuve 10 ó 12 años. No se pierden de mi memoria mis correteos junto a mis amigos: Roby, Tony, Abdón, Papilo, Sofía, María Victoria y muchos de los que se han extraviado en mi memoria.
Parece ayer, el día en que trepados en los molles, compartíamos travesuras, a veces, jugando a los pistoleros, a veces, jugando al escondite entre los maizales.
Qué lindo fue kukear duraznos, cazar kitaq'ois o construir chozas al estilo de Tarzán.
Cuando llegaba alguna feria de la zona solíamos participar en las carreras de cochecitos, cochecitos que nosotros elaborábamos con latas de alcohol y rueditas de madera. Mi carro era un Mustang amarillo numero 5, tenía hasta muelles de amortiguador. Cierro mis ojos y lo sigo jalando, él corre mientras yo corro.
Con solo imaginarme los días en que veía pasar por mi calle el caballo del corregidor o quizá oír el rumor de las acequias al borde de las calles, me solazo en mis recuerdos y en ese momento no me cambio por nadie.
Al Tony lo veía como al chico que lo tenia todo, más de lo que me imaginaba que exista, en su casa había teléfono, juguetes importados, un cuarto solo para él, sabía que su mami le enviaba de los Unites, nunca me dio envidia, para mi fueron días de ilusión. La primera vez que hablé por teléfono fue con una amiga suya, una vez agarrando el auricular me vi en figurillas, la niña me dijo que le cante una canción, solo atiné a decirle: "tomando un café te dije te quiero", no pude dormir, estaba enamorado, uff qué calor, felizmente se me pasó.
El Roby, muchacho un poco triste; pero lo sentía como al verdadero compañero, me lo imagino con su camisita blanca y su pantalón cortito, unas veces con flecha y otras con la rueda y el andador. El es testigo de muchas travesuras, pasábamos las horas en los árboles, encaramados en los sauces y los molles, rompíamos los pantalones y charlábamos sobre nosotros y a veces sobre la Sofía
en una de esas mañanas después de fiesta, como que creo fue de un san juan o algo parecido, en el patio de mi casa, había una piedra tipo batán, de esas que presentan una gran superficie casi plana, se nos ocurrió esparcir la pólvora de los cohetillos dibujando una especie de caminitos. Para entonces mis viejos estaban farreando en la casa de la madrina Francisca. ¡Pum! estalló la pólvora, sentí calientes mis manos, inmediatamente las introducí en una batea que calentaba el agua al sol. ¡Uf! que susto mis manos estaban infladas como guantes de cirujano. En fin una travesura de esos días no la cambiaría por ninguna.
Cuando no el Tony y sus ocurrencias. En una de esas tardes de fiesta en Sarco, nuestro querido barrio, se habían instalado varios puestos a la puerta del templo, unos de api y otros de rosquetes. Con Tony y otros amigos trepamos al campanario y desde allí, cual hilos de pescar lanzábamos un garfio que tomaba al azar un delicioso rosquete. Pucha que era una fiesta saborearlos hasta hartarnos.

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