Bolivia es un país que tiene un elevadisimo porcentaje de población de origen indígena, condición que ha facilitado su postergación, privación y aplastamiento por parte de muchos "profesionales del abuso"; sin embargo a estas alturas, a la luz de la evolución de los diferentes países, los bolivianos, como si hubiésemos brincado un siglo, nos encontramos ante la disyuntiva de decidir si nos sometemos a la mencionada luz o todavía buscamos como paz de nido la acogedora sombra. Dada la oportunidad, hemos decidido permanecer donde nos resulta muy cómodo estar, algo así como pensar: no me interesa cómo viven los demás; lo importante es cómo vivo yo. Esta decisión expresa, está enmarcada en el grupo “Y” que propone Douglas McGregor; por cuanto revela un sentimiento altamente ego-centrista, cuya motivación personal está enfocada en la satisfacción de necesidades personales, aún a costa de sacrificar el bien común de la sociedad en general.
La situación planteada se ha dado desde hacen unos quince años atrás, época en la que pareciera que terminamos de darnos cuenta de que somos seres humanos con derechos. Antes de ésa, vivíamos y trabajábamos conscientes de no merecer mejor trato que los más humildes y modestos ciudadanos, aspectos que se reflejaron en nuestra forma de pensar, hablar, vestir y manifestar nuestras penas y alegrías, a través de callarnos la boca cuando teníamos mucho qué decir, a través de vestirnos sin personalidad, calzándonos lo que teníamos a la mano sin posibilidades de ese gustito de poder elegir y sobre todo aplicándonos tremendas borracheras que nos hacían olvidar las penas y nos ayudaban a desahogar nuestro inflado espíritu deseoso de explotar.
En estas circunstancias aparece como efecto de la naturaleza, que por cierto sí que es sabia, un líder de la talla de nuestro presidente, procedente de un remoto lugar de Bolivia, lugar en el que se confunden los balidos de corderos, con el silbido de la paja brava y un lastimoso abandono que sólo puede esperarse de autoridades que lejos de velar por el bienestar “de todos” se han concentrado desde siempre en usufructuar con nuestros recursos naturales en desmedro de las urgentes necesidades del sector rural de nuestro país.
Los aymaras, quechuas, guaraníes y todas las nacionalidades que convivimos en esta tierra contamos con la nobleza suficiente para elegir nuestra opción por mejorar lo que está mal.
Nuestro presidente ha tenido la inteligencia suficiente para interpretar toda esta suerte de características de los bolivianos y es esa facultad, la que una gran mayoría desde mi punto de vista de manera inconsciente, le ha manifestado a través de su voto, un reconocimiento a su original representación. Amén de los que lo rodean, que de alguna manera o mejor digamos de gran manera, parecen esconder otras intenciones, mismas que en el corto plazo pasan como positivas; pero en el mediano y peor si siguen en el largo, podrían traernos consecuencias que serían razón suficiente para golpearnos la cabeza con moroc’ko en un batán.
En verdad hay algunos claros y oscuros en el liderazgo del presidente. Claros cuando interpreta con fidelidad, el potencial cautivo de los bolivianos que desde siempre y en silencio hemos llevado en el espíritu; ese espíritu que se animaba a salir sólo en situaciones insostenibles o como podrían llamarse de última instancia – que en la lengua popular se llama: “cuando las papas queman”. Oscuros cuando confunde su original intención de servicio, con ostentaciones de poder y un afán incomprensible de perseguir culpables, amén de los inocentes que entran en la misma bolsa por sólo pensar en sentido opuesto.
Al fin de cuentas al parecer tendrán que pasar muchos años de maceración para que los bolivianos volvamos a encontrarnos otra vez con la disyuntiva de elegir: "Solcito o Sombrita"
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