En el "cumpleaños de oro" de mi esposa Andy
Sin darte cuenta, llegaste a los cincuenta.
No fue tu camino un sendero de jardín.
No estaba plagado de flores,
de piedras blancas ni de azules capulines.
Fue más bien pedregoso,
árido y a veces hasta escondido
entre la bruma y las espinas.
Hete aquí en la cima de la vida.
Cual ave que se posa en la copa de los arboles.
Y contempla disfrutando con dulzura.
El murmullo de los ríos, el trinar de pajarillos.
Los rayos del sol y las caricias de la luna.
Andycita mi amor, por voluntad de Dios mi compañera.
Fuimos cuando tiernos dos frágiles ramas al viento.
En el invierno, abrazados sus inclemencias resistimos.
Y en nuestras primaveras con nuestros hijos florecimos.
Perdón por mis errores, mis desaciertos y mis desamores.
No soy un extraño, soy tu esposo.
Siento que te quiero desde la punta de mis dedos.
Pasando por mis venas y llegando al corazón.
Y hasta el fondo de mis huesos.
Te amo…mucho…mucho, mucho, mucho.
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